DOS RESEÑAS Y UN POEMA SOBRE KAWA. EL LIBRO DEL RÍO
(Clica para ver descripción en el Catálogo de Libros de Aldarán)
Autores:
TEXTOS: Christian T. Arjona
TRAZOS: Gerardo D. Cristante
Colección LEJANO ORIENTE
ISBN: 978-84-129709-4-4
DIN A4, 76 páginas
Recientemente han aparecido tres reseñas sobre Kawa, que me ilusiona compartir aquí:
EDUARDO MOGA, revista Qué leer, nº 325, marzo 2026:
En el libro ¿Están vivos los ríos?, Robert MacFarlane hace referencia al río Whanganui, y al decreto legislativo que ahora lo protege dotándolo de personalidad jurídica, y que el estado de Nueva Zelanda aprobó en 2017, siendo recibido por los maorís con el canto ancestral de "ko au te awa; ko te awa ko au (yo soy el río, el río soy yo)". Kawa. El libro del río -una palabra prácticamente idéntica a la referida anteriormente- es un precioso libro multidisciplinar -poesía, ensayo, ilustraciones- escrito a cuatro manos, y enriquecido con las colaboraciones de Anxo Pastor, Laura Vallès, Wen Dalin, o del mismo Gerardo D. Cristante que aporta unas ilustraciones magníficas.
Lo que empezó siendo un poema sobre un río, sobre el reto de traducir y reproducir su presencia, su vida y belleza mediante el armazón del lenguaje y el salto imaginativo -"Escribir un río desde su cabecera hasta la desembocadura" como lo sintetiza Christian T. Arjona-, acaba concentrándose y confluyendo en el arte del trazo de la caligrafía japonesa representado por el kanji "kawa" -río- y los caracteres asociados a él. Los orígenes del ideograma -"tres pinceladas paralelas que discurren de arriba abajo representando, en su origen pictográfico, las márgenes de un cauce y, en el centro, el agua que fluye"-, su evolución, los precedentes filosóficos, o ejemplos de poetas chinos, son el preámbulo del poema, "De la fuente al mar". Poema-río que va derramándose por todas sus fases; desde el profundo origen, a la gravedad que lo abisma; su fluido peregrinar por meandros o riberas; extendiendo sus reflejos y transparencias allá por donde pasa; o incorporando corrientes que lo completan hasta llegar a la desembocadura. Un deambular por las páginas acompañado por variaciones del kanji/río, imágenes que lo ilustran, y comentarios que lo enmarcan.
Kawa. El libro del río, se completa y redondea con unas esclarecedoras "Notas sobre el arte del trazo" de Gerardo D. Cristante. En ellas describe la esencia de un arte caligráfico que trasciende su pura materialidad e instrumentalización como signo, para convertirse en actividad per se; la expresión de una corporalidad existencial encarnada en experiencia artística. El trazo como elemento básico y nuclear, "una forma de pensamiento y una práctica espiritual […], una de las más altas formas del arte, en la que gesto, energía y forma convergen en una sola línea viva". Representación pura de una entidad dinámica que intenta auto-trascenderse en esa representación lo más fidedigna posible a un estado espiritual/corporal presente. Finalidad en sí; verdad experimentada y objetivada en su fluir; un riesgo adquirido comparable -pero solo por lo que hace a su determinación- al que Michel Leiris desarrolla en La literatura considerada como una tauromaquia.
Hay en esta especie de performance de la interioridad, esta actividad de intermediación -¿chamánica?- donde el ser parece desvelarse, un enorme potencial que no pasó desapercibido inspirando a literatos, filósofos o artistas. Un tipo de experiencia que podemos asociar a algunas de las características del automatismo surrealista, o con la filosofía de la corporalidad de Merleau-Ponty, o, mucho más evidente por lo que hace a los medios de expresión, a todo lo que significó en el arte contemporáneo movimientos como el Expresionismo Abstracto americano, o el Art Brut. Hay claros paralelismos entre el arte del trazo y la action painting, por ejemplo, de Jackson Pollock -también en algunas de las memorables actuaciones de Miró o Tàpies en sus telas-, pues muchos de los elementos esenciales anteriormente descritos aparecen en sus cuadros.
El colofón a este completísimo libro es el apartado "Sedimentos"; los extraordinarios "Kanjis de la serie Kawa" del propio Cristante. En su pulsión, confluencias, volúmenes, densidades, segmentaciones, continuidades, disgregaciones, difuminaciones, reverberaciones, intensidades, fragmentaciones, o escalas entre el negro y el blanco, podemos apreciar, como en el poema de Christian T. Arjona, las enigmáticas aguas del río; de nuestro propio río.
PALOMA FADÓN, en su cuenta personal Pintando Poesia. (www.palomafadon.es)
Está el espacio del libro
en connivencia con el que labra el río
La corriente de palabras derrocha contemplación
deleitan con su sonido conteniendo pasión
La tinta que la caligrafía acoge disuelve
aclarando con el agua la estructura que enfila,
ya cascadas, o meandros, acaricia riberas
tan peregrina que deja la palabra latiendo cruda
¿Y el tiempo? Quién le da tiempo...
Tiempo de mirar absorto,
silente escucha de lo otro,
tiempo vacío que abraza lo incógnito
que ablanda entrañas que licúa razones enrocadas
Tiempo de pretérito imperfecto o futuro inestable
Una inmersión que de cuajo se sumerge ensoñada
nadando a pulmón libre por las arterias de tinta
Este espacio lo abre el tiempo
La mirada es tiempo y el silencio en compaña
Tiempo de recreo, fiesta con cubata en las manos
Tiempo que asienta, asimila, da respiro al alma







