CHRISTIAN TUBAU ARJONA

CHRISTIAN TUBAU ARJONA

PROLOGO

Como el trino del cenzontle imita las voces de otras aves que cantan a su alrededor, así el título de estos papeles digitales se hace eco del verso del poeta cantor… “Si no creyera en la locura / de la garganta del sinsonte…” Trino polifónico el de este pájaro aliblanco, prodigiosa locura que su nombre de familia (Mimus polyglottos) delata y que corrobora su denominación en lengua náhuatl (Cenzon-tlahtol-e): el pájaro de los cuatrocientos cantos. Pero el eco nunca devuelve el sonido original intacto: una leve distorsión, una fértil différance, lo transforma en un sonido nuevo, en una canción nueva. Así, en estas páginas, las voces que se oirán son las que salen de la garganta de otra criatura, el simbionte, un ser vivo que se forma de la íntima hibridación de seres procedentes de distintos reinos. La imagen que ilustra el título (un liquen de la familia Cladonia), remite también, con sus erguidas trompetillas, a las múltiples voces que poblarán este cuaderno. Páginas híbridas, pues; páginas en las que convivirán (syn-biosis) estrechamente vinculados, entretejidos por sutiles raicillas, textos e imágenes sobre los infinitos seres vivos (los diez mil seres de Lao Tsé); o sobre las artes plásticas, que demuestran que es posible, como quería Octavio Paz, “soñar con las manos”; o sobre poesía (el musgo filamentoso de los versos) y otras especies literarias como la novela o el cuento; o sobre filosofía (las largas y tupidas crines de los conceptos). Walt Whitman decía "Brote la hierba de las palabras". Así de la blanca tinta eléctrica broten aquí líquenes alegres y polícromos, pioneros de la vida, que agrieten la obsidiana del espacio virtual.

1 de junio de 2026

DOS RESEÑAS Y UN POEMA SOBRE KAWA. EL LIBRO DEL RÍO

 

DOS RESEÑAS Y UN POEMA SOBRE KAWA. EL LIBRO DEL RÍO

(Clica para ver descripción en el Catálogo de Libros de Aldarán)



Autores:

TEXTOS: Christian T. Arjona

TRAZOS: Gerardo D. Cristante

Colección LEJANO ORIENTE

ISBN: 978-84-129709-4-4

DIN A4, 76 páginas


Recientemente han aparecido tres reseñas sobre Kawa, que me ilusiona compartir aquí:

EDUARDO MOGA, revista Qué leer, nº 325, marzo 2026:

EL RÍO Y LA TOTALIDAD
 
En Kawa. El libro del río, de Christian T. Arjona (Montgat, 1977) y Gerardo D. Cristante (Buenos Aires, 1979), cuarto volumen de la colección Lejano Oriente de la exquisita editorial Libros de Aldarán, se funden múltiples impulsos literarios y estéticos. Nace de una circunstancia personal: el autor de los textos, Arjona, vive en las profundidades del valle del Llémena, junto al río del mismo nombre, y acostumbra a pasear sus horas por sus riberas y remansos. En esas caminatas, dio en escribir, como los laquistas ingleses, un largo poema que recogiera las mismas ondulaciones que dibujaba el Llémena en su camino abrupto pero rítmico, orientado pero sinuoso. Y, «a fuerza de andar a su lado, inmerso en su rumor y miniando sus eses con mi lápiz, pronto sentí que el río era una forma líquida de escritura incesante y que, a su vez, las palabras se seguían unas a otras del mismo modo sonoroso y fluyente que las aguas. Y así me propuse describir, reescribir, su caligrafía». Casi simultáneamente, la lectura de dos obras del poeta y artista Perejaume, dedicadas asimismo a sendos ríos, lo confirmó en la voluntad de recrear en las páginas la «progresión caligráfica del agua». Sin embargo, confiesa Arjona, la realidad aristada de la sintaxis, primero, y de la tipografía, después, lo alejaba de ese propósito: la palabra escrita no plasmaba carnalmente la fluencia del río, su andar caótico pero regular, el cuerpo del agua, líquido, sin esquinas, sin rupturas. Y ahí apareció otro artista, el calígrafo Cristante, que con las tres líneas verticales paralelas del ideograma chino (chuãn) y japonés (kawa) para la palabra río resolvía la presencia material de este en el texto: le daba forma y latido; lo incorporaba físicamente al poema; cumplía el viejo sueño, acariciado por todos los poetas verdaderos, de que la palabra fuera la cosa. Así pues, en Kawa. El libro del ríose reúnen la realidad del paisaje del Llémena; la literatura andariega, descriptiva y sensual del poeta Arjona; los lenguajes chino y japonés, y la literatura que cada uno ha alumbrado; el arte de la caligrafía; el trazo personal, pero multiplicado docenas de veces, como en una sostenida variación del mismo tema, del calígrafo Cristante; la obra pictórica de otro artista, Anxo Pastor, que contribuye al proyecto con sendas páginas a color; y las contribuciones de María Zambrano, Wang Wei, Li Bai, Tu Fu, Uxío Novoneyra, Antonio Machado, Claudio Rodríguez, Eduardo Chillida, Federico García Lorca y Gary Snyder, entre muchos otros, que aportan citas o versos que funcionan a modo de epígrafe o apuntalamiento de lo que se dice en Kawa. El libro del río, y que esponjan las prosas y los ideogramas expuestos, ampliando sus connotaciones, multiplicando su sentido. 
     
    Tras un extenso preámbulo, o quizá un breve ensayo, en el que Christian T. Arjona da cuenta de la gestación del libro, resume eficazmente la evolución del ideograma kawa y ofrece algunos precedentes de la presencia del río en la literatura sapiencial china antigua —cuyo mejor ejemplo es el I Ching— y en la poesía china: Tao Yuanming, Wang Wei, Han Shan, Li Bai y Tu Fu (Han Shan, por ejemplo, escribe: «El sol y la luna son ríos que pasan; la luz y la sombra, fuegos en la piedra»), encontramos la sección «De la fuente al mar», que recoge el poema en prosa escrito por Arjona, dividido en capítulos, que describen el recorrido entero del río, desde su manantío hasta su desembocadura. Todos estos capítulos van acompañados por una caligrafía de kawa, de Gerardo D. Cristante, y, en algunos casos, también incluyen dibujos del propio Arjona, que no solo es poeta y editor, sino asimismo artista plástico. Kawa. El libro del río revela la pasión por la mezcla, por la fusión de géneros, estilos y artes en la obra de Christian T. Arjona. Todos los capítulos suman a la palabra del escritor ilustraciones, haikus, kanjis, citas literarias y hasta un fragmento de una partitura medieval con un melisma —un término latino que designa una sucesión de varias notas sobre una sola sílaba en el canto llano—. Y todos incluyen, al final, en cursiva, unas notas metaliterarias (¿metaestéticas?) en las que el poeta reflexiona sobre el propio hacer del calígrafo. En los textos sobre el río de Arjona, se echa de ver un fortísimo élan poético, aliado con la precisión descriptiva de un relojero del valle de Joux y un entusiasmo expresivo que hace palidecer al conde de Lautréamont. Arjona no solo disfruta bestialmente de aquello que ve —el río, el bosque, las piedras—, sino que aún parece disfrutar más de las palabras con que lo describe. Esto dice, por ejemplo, en «Las raíces del río»: «Parece más bien que el agua del río futuro siempre haya estado aquí, siempre lo esté y siempre lo vaya a estar —en un eterno retorno circular de lluvias, correntíos, mares y evaporaciones—; infinitamente ovillada, soterrada, en un densísimo micelio de líquidas raicillas. Azules, entreveradas, eléctricas microrizas de agua que crepitan como la red neuronal de la montaña y el bosque, ocultas bajo las grandes rocas verdecidas». En «Río abajo: los meandros», define la «prosa ameandrada» del río, que es también la suya: una prosa «que se desarrolla sin cesar, giróvaga y trashumante, sismógrafa de los valles como el largo pergamino de un tefilín desplegando y recitando versículos de agua decidora»; una prosa, añado yo, plagada de pertinentes neologismos, aliterativa y musical, arrebatada y exacta.
     Gerardo D. Cristante firma la segunda parte del libro, «Notas sobre el arte del trazo», que recoge las informaciones y reflexiones que dedica al arte de la caligrafía, y la tercera, «Sedimentos. Kanjis de la serie Kawa», exclusivamente gráfica, que contiene once imágenes del kanji que da título y sentido al libro, todas en blanco y negro —salvo la primera, en la que se observan también algunos ocres—, pero muy distintas unas de otras: sorprende cuánto pueden dar de sí tres líneas verticales y paralelas en manos de un artista heterodoxo y experto. En ocasiones, las líneas se dilatan hasta configurar troncos negros, o, por el contrario, se adelgazan hasta el filamento; en otras, se tocan, se abrazan, se incurvan o se expanden en manchas minuciosamente desordenadas; a veces, en fin, se vuelven hacia sí mismas o casi estallan. En «Notas sobre el arte del trazo», Cristante revela cuánto ha influido el japonés Yuichi Inoue en su forma de entender la caligrafía, y subraya insistentemente la naturaleza multifacetada del trazo: es «un pulso, una huella del dinamismo vital que anima la creación artística», pero también «un modo de habitar la verdad»; es «lo que no está contaminado por la representación ni por la apariencia» y, asimismo, «un acto total». Cristante hace un recorrido por las diferentes concepciones del trazo en el arte contemporáneo —desde Paul Klee hasta Joan Miró, pasando por Henri Michaux y Antoni Tàpies, entre otros— y subraya la importancia del movimiento caligráfico del grupo Bokujinkai de mediados del siglo XX y de la caligrafía de vanguardia, el artshodo, para concluir que Kawa. El libro del río «es una manifiesta declaración de amor por la caligrafía japonesa». Ciertamente, lo es, pero también es una no menos manifiesta declaración de amor por el lenguaje y por la fusión de las artes en una obra total.


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MOISÉS GALINDO, Revista ALGA, nº 95-96, mayo 2026.

Kawa. El libro del río, de Christian T. Arjona y Gerardo D. Cristante, parte de una experiencia personal -la convivencia con el río Llémena, afluente del Ter, y el sentimiento de vida que fluye y engendra a su alrededor- para luego adentrarse y concentrarse en la analogía signo/río, y sus bifurcaciones simbólicas, históricas, o artísticas que pueden derivarse de su caligrafía; del trazo representado

En el libro ¿Están vivos los ríos?, Robert MacFarlane hace referencia al río Whanganui, y al decreto legislativo que ahora lo protege dotándolo de personalidad jurídica, y que el estado de Nueva Zelanda aprobó en 2017, siendo recibido por los maorís con el canto ancestral de "ko au te awa; ko te awa ko au (yo soy el río, el río soy yo)". Kawa. El libro del río -una palabra prácticamente idéntica a la referida anteriormente- es un precioso libro multidisciplinar -poesía, ensayo, ilustraciones- escrito a cuatro manos, y enriquecido con las colaboraciones de Anxo Pastor, Laura Vallès, Wen Dalin, o del mismo Gerardo D. Cristante que aporta unas ilustraciones magníficas.

Lo que empezó siendo un poema sobre un río, sobre el reto de traducir y reproducir su presencia, su vida y belleza mediante el armazón del lenguaje y el salto imaginativo -"Escribir un río desde su cabecera hasta la desembocadura" como lo sintetiza Christian T. Arjona-, acaba concentrándose y confluyendo en el arte del trazo de la caligrafía japonesa representado por el kanji "kawa" -río- y los caracteres asociados a él. Los orígenes del ideograma -"tres pinceladas paralelas que discurren de arriba abajo representando, en su origen pictográfico, las márgenes de un cauce y, en el centro, el agua que fluye"-, su evolución, los precedentes filosóficos, o ejemplos de poetas chinos, son el preámbulo del poema, "De la fuente al mar". Poema-río que va derramándose por todas sus fases; desde el profundo origen, a la gravedad que lo abisma; su fluido peregrinar por meandros o riberas; extendiendo sus reflejos y transparencias allá por donde pasa; o incorporando corrientes que lo completan hasta llegar a la desembocadura. Un deambular por las páginas acompañado por variaciones del kanji/río, imágenes que lo ilustran, y comentarios que lo enmarcan.

Kawa. El libro del río, se completa y redondea con unas esclarecedoras "Notas sobre el arte del trazo" de Gerardo D. Cristante. En ellas describe la esencia de un arte caligráfico que trasciende su pura materialidad e instrumentalización como signo, para convertirse en actividad per se; la expresión de una corporalidad existencial encarnada en experiencia artística. El trazo como elemento básico y nuclear, "una forma de pensamiento y una práctica espiritual […], una de las más altas formas del arte, en la que gesto, energía y forma convergen en una sola línea viva". Representación pura de una entidad dinámica que intenta auto-trascenderse en esa representación lo más fidedigna posible a un estado espiritual/corporal presente. Finalidad en sí; verdad experimentada y objetivada en su fluir; un riesgo adquirido comparable -pero solo por lo que hace a su determinación- al que Michel Leiris desarrolla en La literatura considerada como una tauromaquia

Hay en esta especie de performance de la interioridad, esta actividad de intermediación -¿chamánica?- donde el ser parece desvelarse, un enorme potencial que no pasó desapercibido inspirando a literatos, filósofos o artistas. Un tipo de experiencia que podemos asociar a algunas de las características del automatismo surrealista, o con la filosofía de la corporalidad de Merleau-Ponty, o, mucho más evidente por lo que hace a los medios de expresión, a todo lo que significó en el arte contemporáneo movimientos como el Expresionismo Abstracto americano, o el Art Brut. Hay claros paralelismos entre el arte del trazo y la action painting, por ejemplo, de Jackson Pollock -también en algunas de las memorables actuaciones de Miró o Tàpies en sus telas-, pues muchos de los elementos esenciales anteriormente descritos aparecen en sus cuadros.

El colofón a este completísimo libro es el apartado "Sedimentos"; los extraordinarios "Kanjis de la serie Kawa" del propio Cristante. En su pulsión, confluencias, volúmenes, densidades, segmentaciones, continuidades, disgregaciones, difuminaciones, reverberaciones, intensidades, fragmentaciones, o escalas entre el negro y el blanco, podemos apreciar, como en el poema de Christian T. Arjona, las enigmáticas aguas del río; de nuestro propio río. 

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PALOMA FADÓN, en su cuenta personal Pintando Poesia. (www.palomafadon.es)

Está el espacio del libro 
en connivencia con el que labra el río 
La corriente de palabras derrocha contemplación 
deleitan con su sonido conteniendo pasión 
La tinta que la caligrafía acoge disuelve 
aclarando con el agua la estructura que enfila, 
ya cascadas, o meandros, acaricia riberas
tan peregrina que deja la palabra latiendo cruda

¿Y el tiempo? Quién le da tiempo...
Tiempo de mirar absorto, 
silente escucha de lo otro, 
tiempo vacío que abraza lo incógnito 
que ablanda entrañas que licúa razones enrocadas
Tiempo de pretérito imperfecto o futuro inestable
Una inmersión que de cuajo se sumerge ensoñada
nadando a pulmón libre por las arterias de tinta

Este espacio lo abre el tiempo
La mirada es tiempo y el silencio en compaña
Tiempo de recreo, fiesta con cubata en las manos
Tiempo que asienta, asimila, da respiro al alma



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